Humor en el frente de guerra ucraniano

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“Lamentablemente, Putin todavía no ha muerto. Seguimos esperando…”.

por NERINGA KLUMBYTE – Universidad de Miami

En 1991, apareció una línea simple en Broom, una revista lituana de sátira y humor. “El chiste más corto: el comunismo”, decía. Una frase ingeniosa para celebrar el colapso de la Unión Soviética.

A cuatro años de la invasión a gran escala de Rusia, se podría contar un chiste más corto sobre la guerra de Rusia en Ucrania: “Liberación”.

Desde que la Federación Rusa comenzó su “operación militar especial” para “liberar” a los ucranianos el 24 de febrero de 2022, cientos de miles de personas han muerto, millones han huido de sus hogares, ciudades han sido destruidas y el agua y la tierra han sido contaminadas. Pero la gente en Ucrania todavía ríe. Ríen para superar el dolor, expresar solidaridad y resiliencia, y con la esperanza de la victoria.

En los dos primeros meses de 2026, hubo más de doscientos ataques contra la infraestructura energética en toda Ucrania, dañando plantas térmicas e hidroeléctricas y causando prolongados cortes de electricidad. Millones se quedaron sin energía o con solo unas pocas horas de electricidad. Le pregunté a mi amiga en Kiev cómo lo lleva. Ella respondió: “La materia orgánica sobrevive mejor en el frío”.

He estudiado el humor en estados autoritarios y democráticos durante muchos años. Me ha fascinado el poder del humor para superar el dolor y liberarse del absurdo y la opresión. En Ucrania, el humor de guerra ha movilizado a la gente, ha expresado su resistencia y les ha ayudado a superar las dificultades diarias.

Chistes peligrosos

A lo largo de la historia, satiristas y caricaturistas han enfrentado castigos, prisión e incluso ejecuciones. Lenin y Stalin, al igual que Mao e Hitler, no permitían risas a expensas de ellos mismos o de sus regímenes. El poder del humor reside en su capacidad para movilizar a la gente por una causa común. Es un arma tanto de los poderosos como de los que no tienen poder.

En los estados autoritarios, el humor oficial refuerza la ideología política del estado y es una herramienta de propaganda. Las revistas de sátira y humor soviéticas, por ejemplo, ridiculizaban el imperialismo occidental. Satirizaban diversos males de las sociedades occidentales (altas tasas de criminalidad, desempleo, falta de vivienda, corrupción y pobreza) mientras presentaban a la Unión Soviética como más avanzada.

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Desde 2022, muchos comediantes se han ido de Rusia, algunos bajo amenaza. Al igual que en la época soviética, los chistes contra el régimen pueden contarse en las cocinas y entre amigos, pero no pueden circular libremente. En los programas de comedia de los medios estatales, se cuentan chistes sobre Putin de vez en cuando, pero se utilizan para reforzar su imagen como un líder poderoso y astuto, y para presentar a Rusia como un gran país.

Humor de guerra

En las sociedades democráticas, las personas son generalmente libres de reírse de lo que quieran. El humor ucraniano circula desde las redes sociales de base hasta las oficinas gubernamentales y sitios comerciales. Desde 2022, las redes sociales ucranianas se han visto inundadas de chistes, produciendo el mayor archivo virtual de humor en la historia de las guerras.

Pero el humor de guerra es diferente al humor en tiempos de paz. Puede ser odioso, obsceno, grotesco, vulgar y oscuro. Cumple muchas funciones, desde mecanismo de defensa y estrategia de supervivencia hasta una forma de escape.

Cuando se apagaron las luces en el invierno de 2026, los ucranianos bromeaban diciendo que incluso sin luz pueden ver que “Putin es un ‘khuylo’” (un remate obsceno). Algunos chistes señalaban que los ucranianos no tienen electricidad pero tienen energía; o que no hay electricidad en Ucrania, pero hay luz, mientras que en Rusia no hay luz.

El humor de guerra también ha sido una forma de resistencia y perseverancia. Tras las amenazas nucleares de Putin en 2022, comenzaron a circular en internet memes sobre una orgía en el monte Shchekavitsa de Kiev en caso de un “fin del mundo”. Se invitaba a la gente a unirse en caso de tener fantasías sexuales no cumplidas. Se multiplicaron los memes de una pareja besándose apasionadamente con una nube de hongo nuclear de fondo.

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Un joven, presuntamente uno de los 15.000 que se inscribieron para la orgía en Telegram, dijo a Radio Free Europe: “Es un intento de demostrar que cuanto más intenten asustarnos, más lo transformaremos en algo diferente”.

Surgieron grupos similares, incluido uno que promovía una orgía en la calle Derybasivska de Odesa. La idea de la orgía derivó en otras formas de activismo cívico, como la fundación benéfica Soloma Cats organizando entrenamientos de primeros auxilios en el monte Shchekavitsa.

Riendo hacia la victoria

El humor también es una forma de noticia y comentario. Algunas personas se enteran de eventos internacionales, decisiones políticas e incluso victorias en el campo de batalla a través de chistes en lugar de los medios de comunicación convencionales.

Al principio de la guerra, los memes de internet se reían de la renuencia de los líderes europeos a suministrar armas a Ucrania. El multimillonario Elon Musk fue objeto de burlas en octubre de 2022 tras sugerir un plan de paz que repetiría las elecciones en las regiones anexadas, reconocería a Crimea como territorio ruso y convertiría a Ucrania en un país neutral. Incluso el Papa Francisco recibió burlas por su sugerencia de marzo de 2024 de que Ucrania debería ondear “la bandera blanca y negociar” para salvar vidas, lo que para los ucranianos significaba entregar su soberanía.

Durante la contraofensiva del ejército ucraniano en 2022, el humor difundió noticias de victorias en Jersón, Bajmut y otras ciudades, burlándose de las fuerzas rusas. Los memes comúnmente retrataban a los soldados rusos como incompetentes, adoctrinados o como zombis. Las comparaciones con los orcos de El Señor de los Anillos fueron prominentes; un meme sugería: “Dejen de llamar rusos a los orcos, es ofensivo para los orcos”.

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En respuesta a los informes de soldados rusos robando botines para venderlos en mercados abiertos de Bielorrusia, los ucranianos crearon un meme sobre la reventa de tanques rusos capturados en un “mercado de agricultores”. Otro chiste sobre los saqueos rusos: “¿Tomaron Járkov?”. “No”. “¿Kiev?”. “No”. “¿Qué tomaron?”. “Una lavadora, una batidora y zapatos…”.

Algunos de los chistes comentan sobre la geopolítica global, incluida la propaganda rusa de que había sido amenazada por la OTAN. “¿Te enteraste? Resulta que Rusia está en guerra con la OTAN”, pregunta un hombre. “¿Cómo les va?”, pregunta otro. “Ya perdieron decenas de miles de soldados y toneladas de equipo militar”. “¿Y la OTAN?”. “Ah, ellos todavía no han llegado”.

En cierto modo, tales chistes son una contraofensiva contra la desinformación rusa. En la verificación de hechos, los periodistas luchan contra la propaganda con argumentos lógicos, pero la propaganda se dirige a las emociones, la identidad y los miedos. El humor no argumenta; cambia el contexto mismo, subvirtiendo el mensaje. Y mientras que la verificación de hechos trata al oponente con seriedad, el humor lo vuelve ridículo.

En última instancia, la risa de los ucranianos comunica resistencia, solidaridad y dedicación a la victoria. En un chiste, un marido le pregunta a su esposa por qué compró siete botellas de vino. ¿Qué pasa con el agua y las conservas, en caso de que la guerra se prolongue? La mujer responde: “¡Me estoy preparando para celebrar la victoria!”.

The Conversation. Traducción: Maggie Tarlo

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Observatorio de ciencias antropológicas.

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