¿Por qué importa la antropología?

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Street art in Buenos Aires, Barracas neighbourhood

por WALTER A. THOMPSON

“Describiría la antropología como una conversación o diálogo entre personas, no entre culturas. Las culturas no pueden hablar entre ellas; las personas, sí”, dijo en un entrevista el antropólogo británico Ingold, clase 1948, de quien este año se publicó en español Antropología: ¿Por qué importa?. “Hay una diferencia entre antropología y periodismo. La aspiración del periodismo es informar sobre los acontecimientos o acerca de lo que dicen y hacen las personas. El compromiso de los periodistas es con la verdad de lo que han oído y visto. La antropología, tal y como yo la entiendo, tiene un objetivo diferente. Consiste en unirse a las personas en una investigación sobre las condiciones y posibilidades de vida. Escuchamos a la gente, por ejemplo, cuando prestamos atención a nuestros profesores, no para obviar lo que nos cuentan, sino para aprender de ellos. ¿De qué manera nos hace eso más inteligentes? Ese es el tipo de sabiduría que perseguimos cuando escribimos o enseñamos”.

Y añadió, en la entrevista con Andrés Lomeña para el HuffPost: “En la actualidad, muchos antropólogos están analizando la vida profesional de trabajadores tan diversos como los científicos de laboratorio, los ingenieros y diseñadores, los médicos y sanitarios, e incluso los financieros y gentes de negocios, aunque no sé de ningún estudio de campo sobre cirugía dental. Se ha revertido la tendencia tradicional de los antropólogos de estudiar desde abajo, es decir, trabajar con personas que, de un modo u otro, son pobres, desfavorecidos o marginados. Ha habido un gran entusiasmo por estudiar desde arriba. No hace falta decir que esas metáforas de arriba y abajo son extremadamente problemáticas porque hay implicaciones relativas a la posición social y profesional del investigador, así como diferencias de poder que se aprecian en cualquier estudio. En lo que a mí respecta, no tengo un entusiasmo excesivo por ese tipo de estudios.”

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—Philippe Descola describió cuatro ontologías como un modo de acabar con la falsa separación entre naturaleza y cultura. Usted propone una nueva síntesis que es relacional, procesual y postgenómica. ¿Cómo de cerca estamos de esa nueva síntesis?

—¡Dependerá de con quién hable! No creo que la obra de Descola, por magnífica que sea, nos lleve a ninguna parte. Relativiza la dicotomía naturaleza-cultura considerándola como una variante específica del naturalismo occidental, pero solamente tratando la ontología misma como un esquema cognitivo para organizar los datos de la experiencia. En otras palabras, la bifurcación fundamental entre mentalidad y corporeidad persiste y eso estructura todo su proyecto comparativo. Es una perspectiva bastante conservadora.  Hay obras mucho más radicales en varios campos que atraviesan el espectro académico, desde las ciencias naturales a las artes y las humanidades, que están desafiando esta bifurcación con enfoques que parten de las nociones de proceso y relación. En casi cada campo, esas investigaciones chocan contra la cultura dominante. La tarea que afrontamos es aglutinarlo todo en una síntesis operativa. Hay fuerzas formidables de carácter institucional, económico y político en contra de nuestro esfuerzo colectivo. En muchas ocasiones me he encontrado, literalmente hablando, con un muro de resistencia. Cuando te acostumbras a hablar con colegas que tienen la misma afinidad con el pensamiento relacional y procesual, es fácil olvidar la auténtica inercia intelectual del mundo exterior.

Antropologías
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Observatorio de ciencias antropológicas.

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