Cadáveres robados en museos

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El Museo de Patología RA Rodda de la Universidad de Tasmania, fundado en 1966, posee actualmente unas 2700 partes del cuerpo humano. Al menos 177 de ellas se obtuvieron sin el consentimiento de sus seres queridos.

La mayoría de estos cuerpos humanos se recolectaron de personas que, en el momento de su muerte, requirieron una autopsia. Una investigación forense descubrió que, entre 1966 y 1991, patólogos forenses y hospitalarios contratados por el Departamento de Salud de Tasmania robaron estos órganos y tejidos humanos.

En ningún momento se contactó a las familias de las personas para pedirles su consentimiento.

Esta semana, la ministra de salud de Tasmania, Bridget Archer, ofreció una disculpa a los seres queridos de las personas expuestas. En la audiencia había personas que habían perdido a familiares desde 1976, pero que no fueron informadas de la exhibición hasta 2025.

El incidente señala un problema más amplio sobre cómo se han recolectado, almacenado y exhibido históricamente los restos humanos en las instituciones australianas.

Cuerpos robados, museos silenciosos

Las auditorías institucionales realizadas en 2023 y 2024 descubrieron que, en conjunto, más de 600 restos ancestrales de la región del Pacífico estaban almacenados en el Museo de Queensland, el Museo Nacional de Australia y el Museo Australiano. Algunos de ellos se encontraban almacenados en los museos desde 1862. Es probable que más museos en Australia también estén almacenando restos ancestrales.

Estos restos incluyen cerebros, cráneos y huesos de niños. Probablemente se obtuvieron durante el auge del comercio de restos humanos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

En este comercio, los restos indígenas se recolectaban, a menudo en tierras colonizadas, y se entregaban a académicos europeos. Este comercio estaba arraigado en el racismo, la frenología (una pseudociencia a menudo racista que sostenía que los rasgos del cráneo podían interpretarse para inferir la personalidad de una persona) y la antropología.

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No se trata solo de museos. En todas las universidades australianas hay colecciones de huesos con historias desconocidas. Muchos proceden probablemente de la India, el mayor exportador mundial de restos humanos hasta 1985, un comercio establecido bajo el dominio colonial británico. Estos restos se robaban a menudo de las tumbas.

¿Cómo pueden los museos ser más transparentes?

Algunos museos de Australia han tomado la iniciativa de devolver los restos ancestrales a sus seres queridos y a sus comunidades. Esto se conoce como “repatriación”.

El año pasado, el Museo de Historia Natural británico repatrió los restos de 36 personas de las Primeras Naciones. Entre 1985 and 2016, los Museos de Victoria repatriaron a más de 2200 personas a comunidades indígenas de Australia y Nueva Zelanda. Del mismo modo, el Museo de Queensland, el Museo Nacional de Australia y el Museo Australiano han establecido programas para devolver los restos ancestrales a su territorio de origen.

El Museo de Australia del Sur afirma que actualmente “cuida de casi 5000 restos ancestrales” tanto de los pueblos de las Primeras Naciones como de poblaciones indígenas extranjeras. Estos restos se guardan, hasta que sean devueltos a sus respectivos territorios y lugares de descanso, en un Lugar de Resguardo seguro y temporal. Se trata de un terreno de descanso culturalmente apropiado, de acceso muy restringido y separado de otras exhibiciones.

Las partes del cuerpo expuestas en el Museo Rodda se retiraron de la vista del público en 2018. De las 177 partes de cuerpos robadas en autopsias, se identificó a 100 personas y se contactó a sus familias. Todos los restos se eliminaron con el conocimiento de las familias y, en la medida de lo posible, de acuerdo con sus deseos. Los restos no identificados se eliminaron respetuosamente de acuerdo con la ley.

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Una fascinación macabra

Muchos museos de todo el mundo participan en la exhibición de restos humanos. Desde las momias egipcias en el Museo Británico hasta la exhibición del esqueleto de un asesino en el Museo Anatómico de la Universidad de Edimburgo, la gente se siente fascinada por estas exhibiciones macabras.

A nivel mundial, millones de personas han asistido a la exposición itinerante Body Worlds. Esta exhibición utiliza la plastinación (un proceso para preservar el tejido biológico) de cuerpos reales para ofrecer una mirada cercana a la anatomía, la fisiología y el movimiento humano. Todos los seres humanos expuestos dieron su consentimiento para ser incluidos al donar sus restos antes de morir.

En 2018 se montó en Sídney una exposición imitadora conocida como “Real Bodies”. Sin embargo, se enfrentó a un rechazo significativo, ya que los 20 cuerpos que utilizaba estaban clasificados como “cadáveres no reclamados” de una universidad médica de China. Al igual que en el Museo Rodda, el consentimiento no fue otorgado por el individuo ni por sus seres queridos.

Las leyes específicas relativas a la exhibición de restos humanos en museos y universidades varían entre cada estado y territorio. Sin embargo, obtener el consentimiento de la persona durante su vida es fundamental.

El consentimiento también puede incluir la firma de una orden de sepultura con la familia, mediante la cual las partes del cuerpo donadas se devuelven a la familia para un entierro adecuado después de su uso.

El derecho al descanso y al respeto

Los museos que conservan restos humanos de cualquier tipo tienen la responsabilidad de auditar periódicamente sus colecciones. Aquellos que identifiquen que están almacenando restos obtenidos sin consentimiento deben buscar asesoramiento de la comunidad cultural apropiada sobre la repatriación, o deben colocar los restos en un entorno culturalmente seguro hasta que se identifique a sus custodios.

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Cualquier prueba de recolección, almacenamiento o exhibición poco ética también debe ser revelada a las comunidades afectadas. No es una tarea sencilla, pero sí importante.

La repatriación de restos permite enterrar a las personas de una manera que respete sus creencias culturales y religiosas.

El daño causado a las comunidades de las personas exhibidas sin consentimiento nunca podrá deshacerse. Pero reconocer este error y hacer un esfuerzo genuino hacia la repatriación permitirá, por fin, que los vivos den sepultura respetuosamente a sus seres queridos.

The Conversation. Traducción: Maggie Tarlo

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Observatorio de ciencias antropológicas.

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