Las historias de fantasmas son una forma de memoria

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por MARCUS LIBRIZZI – Universidad de Maine

Además de las calabazas y los disfraces, las velas y las telarañas, Halloween se centra en contar historias. Desde relatos de casas encantadas hasta historias de posesión demoníaca, los cuentos de fantasmas son parte del encanto de esta festividad.

Como profesor de la Universidad de Maine especializado en historias de fantasmas, he reflexionado mucho sobre qué hace que una sea inolvidable. Mi investigación de campo me llevó desde la costa de Maine hasta la selva amazónica, pero algunos factores permanecen constantes en un relato inolvidable.

Un factor es lo que yo llamo “valor de inquietud”, que incluye el factor de miedo, pero también los elementos de una historia que pueden resultar simplemente perturbadores o extraños.

Para empezar, consideremos el fantasma de Catherine’s Hill en Blacks Woods Road, Maine. La leyenda advierte que, contra toda lógica, incluso un conductor solitario de noche debe detenerse y ofrecerle un aventón a la mujer fantasma. De lo contrario, según cuenta la historia, aparecerá inesperadamente en el asiento trasero del coche para provocar un accidente fatal.

Pero en una historia de fantasmas inolvidable hay más que el simple efecto inquietante. Estas historias pueden mantener viva la memoria de un pasado oscuro. En mi investigación, me topé con relatos que preservan recuerdos de injusticias que, de otro modo, habrían caído en el olvido.

Historias oscuras

Una historia, la de un barco fantasma que se puede oír pero nunca ver, conserva la historia poco conocida del contrabando de personas esclavizadas. Según la leyenda, en las noches de niebla, durante la luna llena, quienes se encuentren en el mirador de Cooksey Drive en Seal Harbor, a las afueras del Parque Nacional Acadia, pueden oír a los esclavos en la bodega de un barco que se hunde pidiendo ayuda.

La historia se remonta al Pride of the Seas, un barco que introducía de contrabando africanos esclavizados en Estados Unidos tras la abolición del comercio transatlántico, aunque la esclavitud seguía siendo legal. El relato especifica que los contrabandistas hundieron el barco para evadir la ley. En las historias de fantasmas que circulan de boca en boca en la isla Mount Desert, aún se pueden oír los gritos de quienes quedaron atrás.

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Los mineros de carbón de Pensilvania ofrecen otro ejemplo de agravios del pasado transmitidos en forma de historias de fantasmas. En los lugares de accidentes mortales, se reportó el sonido de un pico o los gemidos de un moribundo. Un extenso archivo contiene múltiples relatos de mineros que presenciaron golpes fantasmales, voces incorpóreas y apariciones de hombres mutilados. Una historia involucra a un minero inocente, condenado a muerte en 1877, que dejó la huella de su mano en su celda en la cárcel del condado de Carbon, una huella que ni lijando ni pintando se pudo borrar.

Hoy en día, es ampliamente conocido que los mineros del carbón de los siglos XIX y principios del XX sufrieron una explotación despiadada y condiciones laborales peligrosas. Años atrás, su difícil situación pasó desapercibida en las historias oficiales y las políticas gubernamentales, pero las historias de fantasmas ayudaron a mantener vivas estas experiencias en la memoria colectiva.

Una perspectiva sudamericana

Cuando recopilé historias de fantasmas en Sudamérica, se repitió el mismo patrón: algunos relatos preservaron una historia que de otro modo se habría perdido.

En la selva amazónica del norte de Brasil, viajé a un lugar sombrío donde, durante varias generaciones, la gente afirma haber visto espíritus de jóvenes en las aguas turbias. Estas historias mantienen vivas las injusticias del siglo XIX relacionadas con la esclavitud de los pueblos indígenas. El lugar era una antigua plantación de caña de azúcar tristemente célebre por su crueldad, y los relatos de apariciones en el agua son un recordatorio de esta historia.

En Río de Janeiro, una conocida leyenda urbana narra la aparición de una joven en una mansión conocida como el Castelinho do Flamengo. Todos los relatos coinciden en que esta joven heredera, llamada María de Lourdes Fernandes, presenció la muerte de sus padres; su tutor la encerró y la llevó al suicidio para quedarse con la herencia.

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Se dice que su alma permanece en la mansión de la que intentó escapar. La historia no se limita a una tragedia individual, sino que expone las injusticias relacionadas con el maltrato a menores y la influencia corruptora del poder.

El pasado que no es pasado

Las historias de fantasmas no se limitan a relatar recuerdos, sino que pueden revivirlos y traer el pasado de vuelta al presente.

El asesinato sin resolver de Sarah Ware, una mujer de 52 años, ocurrido en 1898 en Bucksport, Maine, ilustra cómo las historias de fantasmas pueden tener un significado histórico e inundar el presente con el pasado. En la década de 1980, una mujer y su hija comenzaron a tener pesadillas con una mujer de pelo largo y vestido largo que luchaba por salir del fondo de un lago. Al darse cuenta de que tenían el mismo sueño recurrente, se asociaron con un autor, y su investigación las llevó a la conclusión de que la aparición era el fantasma de Ware.

Los registros oficiales documentan que, al recuperarse el cuerpo de Ware, este se encontraba en avanzado estado de descomposición y su cabeza estaba completamente separada. La cabeza permaneció en el juzgado hasta la década de 1990, cuando fue enterrada en la tumba de Ware. Sin embargo, según la tradición local, el cuerpo sin cabeza de Ware no se encuentra en esa tumba, sino en la original, ubicada ahora en el fondo del lago Silver. En la tradición oral de la zona, se cuenta que, en la década de 1930, los trabajadores solo trasladaron las lápidas cuando inundaron el cementerio de indigentes para construir un embalse.

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Se cree que el fantasma de Ware reapareció en 2006. Una joven que practicaba buceo en Silver Lake, en Bucksport, afirmó haber visto a una mujer con un vestido largo luchando por salir del fondo del lago. Al nadar hacia ella para ayudarla, el cabello de la figura flotó con la corriente, revelando que se trataba de una aparición sin rostro. El avistamiento del fantasma reavivó la historia del asesinato sin resolver.

El caso de Ware pone de relieve la violencia y la injusticia, y su conexión con el género y la clase social en el Maine del siglo XIX. La falta de pruebas y los testimonios retractados sugieren que hombres poderosos podrían haber interferido en la investigación para ocultar su propia complicidad en el asesinato. Como mujer independiente de la época, Ware fue objeto de chismes, y el trato que recibió su cuerpo demuestra cómo la clase social influye incluso en el homenaje a los difuntos. Como relato de fantasmas, la historia de Sarah Ware no pertenece al pasado, sino que forma parte del presente.

Así que, cuando salgas a contar historias de fantasmas este Halloween, recuerda que las inolvidables se basan en el factor de terror en el contexto de una historia oscura que vuelve a aflorar como la marea.

The Conversation. Traducción: Maggie Tarlo

Antropologías
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Observatorio de ciencias antropológicas.

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