El cambio climático profundiza la soledad

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por FIONA DOHERTY – Universidad de Tennessee

Las tormentas severas, las olas de calor y los incendios forestales pueden paralizar la vida social de una comunidad, inundando festivales, cancelando eventos comunitarios y manteniendo a las personas encerradas en sus casas. También son evidencia de cómo el cambio climático no solo está transformando los entornos en los que todos vivimos, sino que también está obstaculizando nuestra capacidad de conectarnos entre nosotros.

En todo el mundo, la conexión social se reconoce cada vez más como algo esencial para el bienestar individual y colectivo. Mantiene nuestros cerebros activos y puede reducir los niveles de estrés. Durante las emergencias, los lazos sociales también pueden salvar vidas. Las relaciones son vías para compartir información a tiempo, brindarse ayuda mutua y llevar a cabo acciones colectivas. Cuando las temperaturas se disparan, los amigos y vecinos comparten advertencias sobre el calor, verifican cómo están los adultos mayores u otros miembros de la comunidad que puedan necesitar ayuda, y coordinan refugios comunitarios para refrescarse cuando los sistemas formales se ven desbordados.

Sin embargo, los efectos del cambio climático pueden estar debilitando el propio tejido social que ayuda a las comunidades a prosperar.

A medida que el tiempo extremo se vuelve más común y perturbador, sus efectos pueden deteriorar las relaciones, interrumpir las rutinas y la comunicación, y dañar los lugares de encuentro junto con las bases de las tradiciones comunitarias.

Como profesora asistente de trabajo social en la Universidad de Tennessee, estudio las crisis sociales y ambientales convergentes, incluidas la desconexión social y el tiempo extremo. He descubierto que uno de los impactos más pasados por alto del cambio climático puede ser su capacidad para empeorar la continua epidemia de soledad.

Los estudios muestran que la cantidad de tiempo que los estadounidenses pasaban interactuando en persona con amigos y familiares ya estaba disminuyendo incluso antes de que la pandemia de Covid-19 paralizara gran parte de la interacción social a partir de 2020. Una investigación reciente de mi equipo en la región rural de los Apalaches ha identificado varias formas en que el tiempo extremo está dificultando aún más las actividades sociales.

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El tiempo extremo mantiene a las personas separadas

El calor extremo ha dominado los titulares internacionales este verano. Cuando las temperaturas exteriores se vuelven peligrosas, las personas se refugian en interiores para permanecer cerca del aire acondicionado o de ventiladores eléctricos. Esto puede tener un costo social.

“No recuerdo que hiciera tanto calor cuando era joven”, le dijo un trabajador social de 28 años a mi equipo de investigación. “La gente no quiere salir de su casa si hace tanto calor. La gente no quiere ir a eventos comunitarios ni estar afuera en la comunidad”.

Las tormentas severas y las inundaciones pueden hacer que viajar sea peligroso o imposible, impidiendo que las personas salgan de sus hogares, visiten a sus familias o asistan a reuniones sociales. Estas interrupciones pueden erosionar las interacciones cotidianas que ayudan a las personas a sentirse conectadas.

Los cortes de energía cortan la comunicación

El tiempo extremo también puede cortar los canales de comunicación que ayudan a las personas a mantenerse conectadas. Las tormentas severas, las inundaciones, el tiempo invernal y el calor extremo están asociados con cortes de energía, que pueden dejar a los residentes sin electricidad, a veces durante semanas.

Las fallas eléctricas a menudo van acompañadas de interrupciones en el servicio de internet y telefonía móvil, lo que dificulta la comunicación a través de mensajes de texto, llamadas telefónicas, redes sociales y correo electrónico precisamente en el momento en que más se necesita.

Como le explicó a mi equipo un residente rural de 74 años: “Estamos muy aislados. No tenemos servicio de telefonía celular excepto a través de Wi-Fi. Así que cuando se corta la luz, no tenemos servicio celular… sin tu teléfono, realmente pierdes todas tus conexiones”.

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La pérdida de lugares y tradiciones compartidos

Otra forma en que el cambio climático puede debilitar la conexión social es alterando lugares y tradiciones que tienen un significado cultural y comunitario.

Fui testiga de esto de primera mano cuando el huracán Irene y la tormenta tropical Lee azotaron mi pueblo natal de Cherry Valley, Nueva York, en 2011. Después de que las aguas de la inundación rompieran el dique, un valioso lugar comunitario conocido como “el embalse”, un pequeño lago donde las familias nadaban y hacían picnics, quedó vacío, dejando a nuestra comunidad rural sin uno de sus pocos espacios de reunión.

En el estudio de mi equipo en los Apalaches, los residentes describieron cómo una sequía extrema combinada con un calor prolongado afectó los lugares donde la gente se reúne, comparte tradiciones y mantiene conexiones a través de las generaciones.

Los niveles de agua en lagos y ríos bajaron demasiado para la recreación, los incendios forestales se extendieron por el Bosque Nacional Wayne y la pérdida de cultivos significó una menor cantidad de la apreciada fruta asimina de la región cuando llegó el Festival Anual de la Asimina de Ohio.

Un residente de 68 años nos dijo: “Miro a mi alrededor y es absolutamente horrible. Nuestros arroyos se han secado. Un amigo me trajo algunas asiminas la otra noche y daban pena… nada que ver con lo que normalmente cae. Es realmente malo y sospecho que esto va a continuar. Tenemos que resolver algo”.

Este tipo de degradación de lugares y tradiciones queridos puede amenazar las experiencias compartidas que ayudan a las comunidades a mantenerse conectadas.

Estos desastres a menudo se superponen

Estas fracturas de la conexión social a menudo se superponen a medida que las comunidades enfrentan eventos meteorológicos simultáneos cada vez más frecuentes. Una tormenta severa, por ejemplo, puede desencadenar inundaciones y cortes de energía durante una ola de calor, interrumpiendo el transporte y la comunicación durante temperaturas peligrosamente altas.

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Con el tiempo, los peligros meteorológicos frecuentes y consecutivos pueden debilitar las relaciones al limitar la movilidad y la participación social.

Las personas que ya están aisladas socialmente, incluidos los adultos mayores y quienes viven en zonas rurales o carecen de transporte confiable y acceso a internet, suelen ser las más vulnerables. El cambio climático y el tiempo extremo pueden dejarlas aún más aisladas.

Mantener la conexión social en medio de los desastres

A medida que aumentan las temperaturas globales, impulsadas en gran medida por la quema de combustibles fósiles, el cambio climático afecta cada vez más la vida diaria. La conexión social es crucial, tanto para responder al tiempo extremo como para trabajar juntos para ayudar a toda la comunidad a adaptarse a un clima cambiante.

Una vía prometedora para el futuro es que las ciudades y los condados inviertan en centros comunitarios, como bibliotecas públicas, o creen nuevos espacios de reunión en las comunidades.

Estos espacios pueden reforzar la conexión social durante todo el año al albergar actividades inclusivas de aprendizaje continuo, al tiempo que sirven como refugios para refrescarse y centros de resiliencia climática, brindando recursos para ayudar a los residentes a prepararse para desastres, estaciones de carga de teléfonos cuando se corta la luz en otros lugares y conexión a internet.

En una era de aceleración de las perturbaciones climáticas, la conexión social puede ser el mayor activo de una comunidad y, sin embargo, uno de sus recursos más frágiles de proteger.

The Conversation. Traducción: Maggie Tarlo

Antropologías
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Observatorio de ciencias antropológicas.

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