
por DOV WAXMAN – Universidad de California, Los Ángeles
Haverford, una pequeña universidad de artes liberales de Pensilvania, se ha convertido en la institución educativa estadounidense más reciente en llegar a un acuerdo en una demanda relacionada con la manera en que manejó denuncias de antisemitismo. En un comunicado del 7 de agosto de 2026, su presidenta, Wendy Raymond, escribió que “todos los estudiantes, incluidos aquellos que se identifican como judíos y/o israelíes, y aquellos que apoyan el sionismo, es decir, el derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a tener un Estado en la tierra de Israel, son bienvenidos y tienen igual acceso a la universidad y a todos sus programas y actividades educativas”.
Esta declaración no es inusual. Después de los ataques encabezados por Hamás en el sur de Israel el 7 de octubre de 2023 y del comienzo de la guerra de Israel en Gaza, Estados Unidos vivió una ola de protestas universitarias contra Israel. Esas protestas dieron lugar a un aumento de las denuncias de antisemitismo en los campus y a numerosas demandas e investigaciones federales por violaciones de los derechos civiles.
La mayoría de estas denuncias se referían al supuesto maltrato de estudiantes y profesores judíos que se identifican como sionistas o que simplemente se niegan a condenar el sionismo. Esto ha llevado a algunas administraciones, como la de Haverford, a afirmar explícitamente que está prohibido acosar o discriminar de cualquier otra manera a los estudiantes que apoyan el sionismo, ya que este tipo de conducta se ha vuelto cada vez más común en algunos campus en los últimos años.
Como especialista en estudios sobre Israel que enseña sobre sionismo, lo que me llama la atención cuando leo declaraciones de este tipo es la estrechez con que lo definen, reduciendo el sionismo a una única creencia: “El derecho del pueblo judío a la autodeterminación y a tener un Estado en la tierra de Israel”.
Esto ignora el hecho de que existen múltiples “sionismos”, en lugar de un único “sionismo”, y que el término tiene más de un significado. Como mínimo, resulta una simplificación excesiva describir el sionismo únicamente como la creencia en el derecho de los judíos a tener un Estado judío.
¿Qué creen los sionistas?
Es cierto que así es como las principales organizaciones judías estadounidenses definen el sionismo. Según una encuesta realizada en marzo de 2025 por la Jewish Federations of North America, una abrumadora mayoría de los judíos estadounidenses también considera que el “derecho del pueblo judío a tener un Estado judío” es una creencia sionista.
Casi 9 de cada 10 judíos estadounidenses dijeron creer que Israel tiene derecho a existir como un Estado judío y democrático. Sin embargo, solo alrededor de un tercio se identificó como sionista. ¿Por qué, entonces, estos judíos no se consideran sionistas?

Puede deberse a que muchos judíos estadounidenses consideran que el sionismo incluye también otras creencias, creencias que ellos no comparten. Por ejemplo, en la misma encuesta, alrededor de un tercio consideró que “creer que Israel tiene derecho a Cisjordania y la Franja de Gaza” forma parte del sionismo. Alrededor de una cuarta parte consideró que “apoyar cualquier medida que tome Israel” también forma parte del sionismo.
No necesariamente están equivocados. Reducir el sionismo a un único principio abstracto ignora el hecho de que se trata de una ideología diversa que ha cambiado con el tiempo y que se convirtió en la ideología oficial del Estado de Israel.
Una ideología cambiante
Desde que el sionismo moderno surgió a fines del siglo XIX, ha incluido muchas ideas diferentes sobre la identidad, la historia, la política, la cultura y la religión judías, ideas que los sionistas han debatido intensamente.
Durante las primeras décadas del movimiento sionista, por ejemplo, los sionistas políticos subrayaron la necesidad de crear un Estado judío como solución al creciente antisemitismo europeo. Los sionistas culturales, en cambio, buscaban una solución al creciente proceso de asimilación de los judíos. Querían revitalizar la identidad judía mediante un hogar judío, no necesariamente un Estado, donde pudiera crearse y desarrollarse una cultura hebrea moderna.
Incluso había desacuerdos entre los sionistas acerca de si la histórica “Tierra de Israel”, o “Eretz Yisrael” en hebreo, debía ser necesariamente el lugar de la autodeterminación judía. En 1903, por ejemplo, Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista, apoyó la oferta del gobierno británico de que los judíos se establecieran en partes de África Oriental que entonces estaban bajo control del Imperio británico.
En las décadas de 1920 y 1930, algunos sionistas de la Palestina bajo Mandato, un territorio que entonces se encontraba bajo administración británica, defendieron un Estado binacional judío-árabe. No fue hasta 1942, mientras el Holocausto se desarrollaba en la Europa ocupada por los nazis, que el movimiento sionista declaró oficialmente que buscaba un Estado judío.
Después de la creación de Israel en 1948, su primer ministro, David Ben-Gurion, un sionista de izquierda perteneciente al movimiento laborista, sostuvo que la misión del sionismo no estaba completa. A su juicio, todavía requería la “reunificación de los exiliados”: la inmigración de todos los judíos a Israel. Para Ben-Gurion, los únicos verdaderos sionistas eran quienes elegían vivir en Israel, algo que muchos judíos israelíes siguen creyendo.
La mayoría de los judíos que viven en las prósperas democracias occidentales, sin embargo, ha preferido quedarse donde está y apoyar a Israel desde lejos. Su concepción del sionismo, denominada “sionismo de la diáspora”, prescindió de la exigencia de que los judíos deban vivir en Israel.
El sionismo liberal que sigue siendo popular en la diáspora judía, al menos entre los judíos de mayor edad, tiene poco en común con el sionismo revisionista de dirigentes israelíes de derecha como el primer ministro Benjamin Netanyahu, comprometido con mantener el control israelí sobre toda Cisjordania.
El sionismo liberal tiene todavía menos en común con el sionismo mesiánico de inspiración religiosa de los colonos judíos extremistas de Cisjordania o con el sionismo cristiano de los protestantes evangélicos, como el actual embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee. Para estos sionistas religiosos, ya sean judíos o cristianos, el sionismo implica el cumplimiento de la voluntad de Dios, que según ellos requiere la soberanía judía sobre toda la Tierra de Israel bíblica.
El sionismo como acción del Estado de Israel
Por lo tanto, nunca se ha establecido de manera definitiva qué significa “sionismo”. Siempre ha sido objeto de disputa entre los propios sionistas, que están divididos en distintas corrientes. Aunque hoy existe menos diversidad ideológica entre los sionistas que en el período anterior a la creación del Estado, siguen existiendo desacuerdos profundos, especialmente entre sionistas religiosos y seculares.
Además, el sionismo es más que una ideología. Para los críticos del sionismo, es lo que hace el Estado israelí en su nombre.
Así es como los palestinos tienden a pensar el sionismo. Para ellos, el sionismo se define en función de sus consecuencias para los palestinos, entre ellas el desplazamiento, el despojo, la destrucción y la negación de sus derechos. Por eso los palestinos y muchos de sus partidarios se oponen firmemente a él.
Para la mayoría de los judíos, en cambio, históricamente el sionismo en la práctica significó la liberación y la soberanía judías, un refugio seguro frente a la persecución, la recuperación de la lengua hebrea y un renovado sentimiento de orgullo colectivo, especialmente después del Holocausto.
Estas formas enfrentadas de entender el sionismo ayudan a explicar por qué se convirtió en uno de los términos más controvertidos del vocabulario político actual. Significa cosas diferentes para personas diferentes en lugares diferentes.
The Conversation. Traducción: Alina Klingsmen