La práctica ancestral del porteo de bebés

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por ANA VANESSA BATALLER CERVERO – Universidad San Jorge

Cuando tuve a mi primer hijo, un típico bebé de alta demanda, buscaba una forma de calmarlo que, además, me permitiese cierta libertad para desarrollar las actividades de la vida diaria. Así descubrí el porteo.

Básicamente se trataba de una simple tela de gran longitud que se ataba con unos nudos imposibles y que permitían transportar al pequeño dormido durante horas mientras su madre o su padre hacía la compra, cocinaba, tomaba un café, se iba de excursión… Vamos, una maravilla.

En nuestro caso, pasamos por diferentes tipos de sistemas: bandoleras, fulares, mochilas ergonómicas, etc. Cada cual tenía sus pros y sus contras. Mientras que unos eran más sencillos de utilizar, otros resultaban menos manejables pero abrigaban mejor. Por aquel entonces, todos se vendían como alternativas de crianza natural, siguiendo un poco la estela de la filosofía hippie, y la gente miraba raro por la calle.

Poco a poco, estos métodos se han ido popularizando y hoy no resulta extraño ver por la calle a una mamá o un papá porteando a su pequeño.

Una vuelta a nuestros orígenes

Pero esta reciente moda no es más que una vuelta a nuestros orígenes. Ya durante la Prehistoria los bebés sobrevivían a los continuos desplazamientos de los pueblos nómadas enganchados a sus madres.

Y sin irnos tan atrás en el tiempo, nuestras abuelas cogían un pañuelo, se lo ataban al cuerpo y acarreaban al bebé a su espalda o cadera mientras iban al campo a trabajar o cuidaban del resto de hermanos.

El carrito de bebé es un invento relativamente moderno. Fue inventado en 1733 por el arquitecto y paisajista inglés William Kent inspirándose en la estructura de un carro movido por caballos. Sus primeros usuarios fueron nobles de la época. No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando se popularizó su uso entre familias de clase media, con tal éxito que no había madre o padre que no llevara a su hijo en un carrito.

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Ventajas del porteo frente al carrito

Sin embargo, aunque este tipo de vehículo puede ofrecer comodidad en el desplazamiento, se pierden muchos de los efectos positivos proporcionados por el porteo. Y el primero de ellos, que fomenta el contacto físico entre progenitor y bebé, favoreciendo la lactancia materna si la porteadora es la madre.

Otra ventaja es que la posición del niño reduce el riesgo de plagiocefalia, deformación del cráneo que se produce al pasar mucho tiempo tumbado sin cambiar de posición. El uso muy prolongado del carrito podría favorecer el desarrollo de este problema.

Además, cuando un bebé es porteado debe adaptarse a los movimientos del cuidador para poder mantener su posición estable. Esto ayuda a desarrollar los músculos del core (abdominales, lumbares, de la pelvis, glúteos y la musculatura profunda de la columna) tanto del bebé como del porteador.

Otro estudio encontró que coger al bebé en brazos, como se hace al portear, reduce el llanto y fomenta el sentido de seguridad y confianza en el pequeño.

Y para casos que implican cuidados especiales, como los bebés prematuros, el porteo facilita el contacto con el cuidador. Así, los recién nacidos pueden ganar peso más rápidamente, con la consiguiente mejora de su salud.

Una crianza más cómoda y feliz

Pero no solo el bebé se beneficia de las bondades del porteo. Como se ha comprobado, podría reducir el riesgo de depresión posparto en la madre y afianzar el vínculo del padre u otros cuidadores con el recién nacido.

También mejora la organización de la familia, ya que permite atender a otros hermanos mientras se portea. Eso sin olvidar la libertad para hacer ejercicio y las actividades cotidianas sin despegarse de la criatura.

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Dolores lumbares y problemas con el suelo pélvico

Aunque este sistema ofrece, como hemos visto, múltiples ventajas, también hay que considerar algún posible inconveniente. Así, un porteo prolongado puede generar dolor lumbar, sobre todo si es en posición frontal, ya que nuestros movimientos se modifican. Tenemos que adaptarnos a la nueva carga tanto para caminar como para agacharnos al suelo a coger objetos, acción muy común cuando vamos con bebés.

También cabe la posibilidad de que se resienta el suelo pélvico. La posición frontal con el bebé delante aumenta la presión en esta zona corporal, que puede verse afectada en madres con problemas tras el parto.

Valorando todo lo que puede aportarnos como padres, deberíamos plantearnos “entrenar nuestro cuerpo” para portear con seguridad y poder ofrecerle a nuestro pequeño todos los beneficios de llevarlo tan cerca de nosotros.

Fuente: The Conversation

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Observatorio de ciencias antropológicas.

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