Iteraciones

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por ELIZABETH FERRY – Universidad Brandeis

Nunca tuve la oportunidad de conocer al antropólogo Tom Abercrombie “en persona” aunque nos comunicábamos por medio de correos electrónicos. Pese a ello, estoy feliz y orgullosa de haberlo conocido a través de sus ideas. Mientras estaba escribiendo mi disertación, Pathways of Memory and Power, me dio un poderoso y ambicioso modelo para pensar mi trabajo sobre la conciencia histórica y la minería. Desde entonces, nuestros caminos se han cruzado muchas veces, siempre en mi beneficio. Uno de estos cruces ha sido en el sitio del concepto de “iteraciones”.

Mientras la palabra “iteración” significa “repetir” y deriva del latín “de nuevo” no es lo mismo que el más común “reiterar”, que debería significar “repetir”. Con “reiteración”, el énfasis cae en la repetición de lo mismo. Esto a menudo implica molestia o crítica; el orador o el hacedor están insistiendo en algo, o tal vez el oyente o el destinatario están haciendo necesaria la repetición insistente.

“Iteración”, en cambio, implica algo repetido con énfasis en la diferencia. Una tarea “iterativa” es aquella que pasa por versiones sucesivas. “Iteración” en matemáticas se refiere al proceso de realizar la misma operación varias veces, tomando la salida de cada operación como la entrada para la siguiente. Otras nociones de iteración no la colocan en una secuencia causal o temporal, sino como varias expresiones o instancias de la misma cosa.

El artículo de Tom, “The Iterated Mountain: Things as Signs in Potosí” (2006), se basa en esta noción de iteración, tratando de “pensar las formas en que ciertas ‘cosas’ (una montaña, pequeñas pilas de mineral y falso “mineral”, imágenes de santos y de Satanás y mercancías en miniatura de ‘juego’) han sido y son iterados como signos dentro de los circuitos de relaciones sociales comunicativas y productivas” (p.84). Al verlos como “iteraciones”, Tom enfatiza su estado simultáneo como signos y cosas. Una pila de mineral es el icono y un índice de una montaña; es decir, con base en la semiótica peirceana, se asemeja a una montaña en su forma y en lo rocoso y al mismo tiempo, está vinculada contingentemente a ella, ya que está hecha del mismo material (Abercombie 2016:88). Una pila de mineral es por lo tanto, el signo de la montaña…y también es sí misma: ambas son iteraciones del “ser montaña”.

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Tom moviliza esta idea y rastrea su historia a través de la historia católica y de lo que él llama ideologías semióticas “calvinistas/científicas” para insistir (duramente) contra los argumentos dentro de la antropología sobre las diferencias ontológicas entre las visiones andinas y europeas del mundo. Para él, las operaciones semióticas en Potosí no son fundamentalmente diferentes a las que realizan los no andinos (aunque algunas de estas operaciones han sido oscurecidas por la economía espiritual y visual calvinista y, finalmente, por la semiótica saussureana).

En Guanajuato, México, un sitio minero de plata desde el siglo XVIII (por su impacto histórico mundial, fue sucesor de Potosí dos siglos antes) recorre la Veta Madre, un enorme yacimiento madre de plata, oro y cobre que recorre unos 35 kilómetros por debajo de la ciudad, a menudo en un ancho de 2-3 metros. Al igual que el Cerro Rico de Potosí, la Veta Madre y sus minas constantemente iteran.

Dentro de las minas, en las casas de los mineros, en las carreteras y en las iglesias de los pueblos mineros, se pueden encontrar altares, nichos a menudo revestidos con cuarzos y piritas (minerales que forman la matriz subterránea de la plata) como matriz para imágenes de santos o a veces de seres queridos fallecidos o enfermos. A veces estos también incluyen otros objetos como coches de juguete o flores artificiales.

En los puestos turísticos en el mercado y las pequeñas tiendas y locales alrededor de las minas de Guanajuato también se pueden encontrar cuencos de cerámica forrados con fragmentos de amatista, sosteniendo una pequeña figura de arcilla de un minero, a menudo con un taladro de barro y un pequeño coche minero, también lleno de pedazos de amatista, con las palabras “Recuerdo de Guanajuato” pintadas en el exterior con una delgada pintura blanca.

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En el Museo de Mineralogía de la Escuela de Minas de Guanajuato, un diorama de cuarzo de un minero demuestra cómo es la minería a estudiantes, visitantes y turistas. Durante muchos años, la capilla lateral de la Iglesia del Señor de Villaseca en Cata, a las afueras de Guanajuato, estaba completamente cubierta de cuarzo blanco y amatista.

Estas escenas y altares son iteraciones de la mina y de las capillas e iglesias donde se protege y sacraliza el trabajo minero. Iteran versiones del trabajo minero protegido por el Señor, la Virgen y los santos, de las representaciones museológicas del vínculo entre el trabajo económico y científico y de los “Recuerdos de Guanajuato,” portátiles y kitsch. En cierto sentido, cuentan la historia de la ciudad en una forma iterada múltiple, en un espacio vacío, forrado de minerales destellantes y mano de obra en el centro (Ferry 2005).1

En mi actual trabajo sobre el oro como objeto físico de la minería y las finanzas, exploro este mineral en sus múltiples ocurrencias en minas, bóvedas, refinerías, templos y museos. La calidad del color, el brillo, la masa y maleabilidad del oro se iteran constantemente en fotografías, infografías de color dorado y “el botín” envuelto en oro en las convenciones de la industria (monedas de chocolate, unidades USB, bolígrafos, etc). Según la ideología que rodea el oro, éste no se puede iterar en el sentido que Tom exploró, sino que solo se reitera. No puede ser una señal de otra cosa (Ferry 2016). Esta insistencia condensa inquietudes poderosas sobre el capitalismo financiero, la geopolítica y la naturaleza misma del valor. Tal vez incluso más intensamente que la montaña iterada o las iteraciones de la mina de Guanajuato, esta identidad entre el oro y su valor muestra “que todos somos animistas, particularmente con respecto a las cosas con las que trabajamos para ganarnos la vida” (2016:85).

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Nota

Otra iteración en otro contexto minero: los Sparboxesson un arte popular del siglo XIX de las minas de plomo del norte de los Peninos en Inglaterra, descrito por Peter Davidson en un artículo en la revista Things como “ensamblajes de minerales refractivos, cajas con frente de vidrio, llenas de minerales encontrados entre las vetas de mineral, ya sea pegados a las paredes interiores de una caja o cajón o convertidos en modelos independientes construidos sobre una armadura o sobre un núcleo de yeso de París. A veces son arreglos abstractos que recuerdan las grutas de crisales del siglo XVIII, a veces escenas callejeras o parques fantásticos o cavernas de cristales y fragmentos de minerales de colores”.

Referencias

Abercrombie, Thomas A. 1998. Pathways of Memory and Power: Ethnography and History among an Andean People. Madison: University of Wisconsin Press.

———.2016. “The Iterated Mountain: Things as Signs in Potosí.” Journal of Latin American and Caribbean Anthropology 21, no. 1: 83–108.

Ferry, Elizabeth Emma. 2005. Not Ours Alone: Patrimony, Value, and Collectivity in Contemporary Mexico. New York: Columbia University Press.

———. 2016. “On Not Being a Sign: Gold’s Semiotic Claims.” Signs and Society 4, no. 1: 57–79.

Fuente: SCA/ Traducción: Arturo Ramírez

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Observatorio de ciencias antropológicas.

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